Y a mí, ¿qué me importa?

Y a mí, ¿qué me importa?

5 de noviembre del 2018

Este martes 6 de noviembre, los Estados Unidos de América, pasará por el tamiz la gestión del presidente Donald Trump. El sistema de elecciones estadounidense, divide las elecciones de manera tal que dos años después de elegir a su nuevo mandatario, se vota por una significativa parte de su congreso bicameral.

En esta ocasión, mas que unas simples elecciones de senadores y representantes, la Casa Blanca esta convencida que una derrota en las urnas, pondría al partido republicano y al propio Presidente Trump en una situación incómoda, por decir lo menos, pues si en alguna sola de las cámaras del congreso, llegara a tomar el control el partido demócrata, significaría que muchas de las políticas emitidas por el mandatario estadounidense, por lo menos tendrían que ser negociadas o consensuadas con sus opositores y esto podría dar al traste con parte del sistema que hasta ahora ha prevalecido, el cual muchos consideran de absolutista.

En una buena democracia, el balance de poderes no sólo funciona políticamente, sino que, ese “check & balances” del cual tanto se habla, permite que no se promueva las decisiones unitarias que pudieran afectar a las minorías y mucho mas aún, cuando, como lo permite y promueve este mismo sistema de gobierno, se dan balances entre los estados mas grandes y lo mas pequeños, de manera que haya una verdadera representación.

Este sistema ha permitido, como efectivamente sucedió hace dos años, que una mayoría elija a un candidato, pero que sea otro el que salga electo y proclamado como presidente.

La lucha por el control del congreso ha llevado a que el propio Presidente Trump haya salido a hacer campaña, en favor de los candidatos del partido que lo llevó a la silla presidencial, algo poco típico comparándolo con sus antecesores.

El la orilla de enfrente, mientras tanto, el ex presidente Obama, a quien se le notan las canas mucho mas que cuando impartía instrucciones desde el “salón oval”, fue visto en varios lugares haciendo campaña por los candidatos de su propio partido, aprovechando ese carisma que caracterizó su mandato.

Los republicanos, temen que un control amplio del congreso por parte de sus opositores, pudiera generar un llamado de “impeachment” o proceso por medio del cual, el propio mandatario pudiera ser llamado a juicio y hasta destituido por el Congreso.

Y muchos se preguntarán y que nos importa lo que pase en las elecciones intermedias de Estados Unidos, ¿verdad?

Yo les respondería, que importa y mucho. Varios estudios económicos han sugerido que la bonanza económica que viven los estadounidenses, es una gran burbuja y no se sostendrá por mucho tiempo, lo cual podría delinear una crisis económica similar a las que se vivió en los años del Presidente Bush hijo.

En aquel entonces, varios países de América Latina, vivían buenos años económicamente hablando, entre ellos Panamá, Chile, Costa Rica y Perú, por ejemplo. En esta vuelta, una nueva crisis, similar a la mencionada, pondría en situación “comprometida”, por decir lo menos, a éstas y varias otras naciones, que han sufrido cambios sustanciales en sus respectivas políticas o gobiernos.

Por ejemplo, las dos economías mas grandes de la región, México y Brasil dieron un giro de timón gigante; cada uno para un lado diferente. Varios otros países de la región acaban de cambiar sus gobernantes o están en proceso de cambio, lo cual sumado a la “pelea de paquidermos” que se ha generado, donde las que sufren son las “verdes veredas”, pudiera generar, mas que voces de alarma, un verdadero caos en la región, con consecuencias catastróficas.

Por el otro lado, si el mandatario estadounidense fuese a mantener el control absoluto del congreso y con un “control” del máximo ente regente de justicia, le permitiría seguir emitiendo disposiciones como las que afectan la migración, las cuales han impactado considerablemente a empresas en la frontera sur de Estados Unidos o la de la lucha contra su principal rival económico, que pudiera producir una inflación, no conocida entre la población y el eventual cierre de las mismas empresas que han florecido durante su mandato.

De una manera u otra, los gobiernos (actuales y los entrantes) de América Latina, deben estar atentos a lo que pueda acontecer en las elecciones del martes 6 de noviembre, pues de una manera nos pudieran afectar.

El simple hecho que el último presidente republicano, hubiere olvidado que Latinoamérica era sus “patio trasero” para concentrarse en otras regiones, permitió cambios significativos que ´hoy inciden en la política estadounidense y por ende en la nuestra. De igual manera, permitió que “el nuevo vecino” empezara a tocar puertas y a “amoblar” las casas que le empezaron a dar la bienvenida. Estos nuevos vecinos tocaron las puertas de propios y extraños hasta sin consultar al otro “hermanito” mayor, que pareciera que “se fue la universidad” y sigue sacando buenas notas. Vamos a ver cuando sale a trabajar…

Para concluir, Venezuela (no Maduro) sigue siendo un protagonista en el rejuego geopolítico, pues la emigración de sus nacionales esta impactando a sus vecinos. El presidente electo de Brasil, de tendencia absolutista y de extrema derecha, ha advertido de posibles medidas; sin embargo, para la decepción de mis hermanos venezolanos, no creo que estas medidas vayan mas allá del reforzamiento de las fronteras y por ende del aislamiento, aún mayor, de lo que otrora fuera una de las principales economías de la región.

Las relaciones entre México y Estados Unidos dependerán mucho del resultado de las elecciones que analizamos, pues el nuevo presidente de los mexicanos camina en la acera exactamente opuesta a la del estadounidense y, no será de elefantes, pero por lo menos se escuchará bulla. Amanecerá y veremos que pasa y como nos impactará.

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