Una nueva oportunidad

Una nueva oportunidad

13 de agosto del 2018

Si algo bueno ha salido de todos estos escándalos de la Asamblea Nacional, ha sido la concientización ciudadana sobre el papel que juegan los Diputados en nuestra democracia. Digo positivo, porque muchas personas solo se preocupan por quién votan para presidente y, muchas veces, ni se acuerdan por quién votaron para Diputado.

Hoy sabemos que los Diputados del 2009 al 2014 gastaron mas de 400 millones de dólares en traslados a juntas comunales. Estos traslados han sido duramente cuestionados por la falta de resultados tangibles y, dentro de los cuales, hay varios casos de corrupción en investigación, aunque el caso parece estar estancado en el Órgano Judicial.

Hoy conocemos sobre el “cash back”, una vieja práctica que continuó en este período. Consiste en hacer pagos por contratos por servicios profesionales y planillas a personas humildes que devolvían casi todo el dinero a los Diputados o que nunca supieron que se hicieron pagos a su nombre.

Hoy sabemos de muchas donaciones tramitadas en la Asamblea, cuyos beneficiarios son organizaciones “benéficas” de los propios diputados que las gestionaron.

Hoy conocemos sobre la planilla 080, y cómo la misma es utilizada para pagarle a familiares y activistas políticos, amparados en un supuesto compromiso con su comunidad, pero que en realidad funciona para garantizar la reelección del Diputado con nuestro dinero, perpetuando un sistema clientelista que está carcomiendo nuestra democracia.

Hoy conocemos sobre la negativa de la directiva de la Asamblea de cumplir la ley. No solo han negado información solicitada sobre las planillas, contratos y donaciones, información que según la ley de transparencia debería ser pública, y como les ordenó la Corte Suprema de Justicia, sino que han impedido la auditoría de la Contraloría General de la República.

Hoy sabemos que es la Asamblea la que aprueba el presupuesto del Canal de Panamá, y que ya intentaron recortarlo para sacar más dinero para sus propósitos, poniendo en riesgo la operatividad de nuestro principal activo.

Hoy conocemos de los camarones legislativos, como el que eliminó el contrato con la nación del puerto de PSA, de las leyes irresponsables, como la que aumenta las jubilaciones, sabiendo que el sistema de pensiones está a punto de entrar en déficit, o la que pretendía eliminar requisitos para los profesionales de estéticas por encima de la opinión del comité técnico de salud.

Ahora que conocemos el impacto que tiene la Asamblea en la democracia, además del daño que nos hace el clientelismo y la corrupción, tenemos que aprovechar esta nueva oportunidad de renovarla. El reto no es solo garantizar que los diputados corruptos no se reelijan. Tenemos que garantizar que nuestros próximos diputados sean líderes con las actitudes, aptitudes y trayectoria necesarias para asumir el reto.

Busquemos las mejores alternativas en nuestros circuitos, alejándonos de discursos vacíos, repetitivos y clientelares. No son los diputados los llamados a resolver los problemas de la comunidad. Su labor es legislar, y para eso su compromiso debe estar claro desde el principio. El que promete resolver problemas comunitarios continuará con estas prácticas clientelares en contra de los mejores intereses del país.

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