Pongamos a Carreño de moda otra vez

Pongamos a Carreño de moda otra vez

25 de septiembre del 2018

Hoy quiero compartirles un discurso pronunciado por este mismo servidor, en el marco de la entrega de los reconocimientos a nueve “Ciudadanos Notables de Panamá”, galardón este que es otorgado por la Comisión Nacional Pro Valores Cívicos y Morales, integrada por los diferentes clubes cívicos de Panamá.

Esta noche nos volvemos a reunir para reconocer muchas vidas de compromisos. En cada una de las personas que reciben esta distinción, que la Comisión Nacional Pro Valores Cívicos y Morales creó en la década de los años 90, confluyen todos los valores que deberían regir nuestra vida cotidiana.

Hace algún tiempo, una buena amiga, Bárbara Soto, me hizo un comentario que desde entonces me ha hecho reflexionar sobre el significado de la palabra VALOR. Bárbara me comentaba que valores y principios no es lo mismo, pues los valores son relativos para cada persona, mientras que los principios tienen que ser iguales para todos.

Saben que: muchas veces, tiendo a coincidir con ella. Cuando varios de nosotros estudiábamos en la escuela primaria, nuestros maestros utilizaban un librito que, así como “Platero y Yo”, todos deberíamos regresar a leer y re leer. La Urbanidad del gran escritor venezolano, Manuel Antonio Carreño el cual fue escrito en 1853.

Con solo ver la televisión, diarios, redes sociales y hasta en el diario vivir, nos damos cuenta que a muchos se les olvidó lo que aprendieron en los recintos escolares de infancia, o en su defecto, son parte de esas nuevas generaciones que nunca lo estudiaron y ni siquiera han visto jamás el famoso librito.

Ojalá se restituya la enseñanza obligatoria del Manual de Carreño y de las Lecciones de Cívica en el pensum de estudio de todas las escuelas primarias y secundarias del país.

Es nuestra responsabilidad como ciudadanos responsables, educar en valores, pero es más importante practicar los valores para que eduquemos con el ejemplo. Nuestros hijos aprenden de lo que ven, no de lo que se les dice.

Nuestra responsabilidad, como miembros de los diferentes clubes cívicos, es convertirnos en ese faro que ilumine y sirva de guía a quienes convivimos en este bello país. Debemos ser ejemplo con nuestro comportamiento, nuestra forma de actuar, la forma como hacemos negocios y como nos desempeñamos.

Si hacemos un examen de contrición, ¿cuántos de verdad pasaríamos esa prueba de ser y comportarnos con base en valores todo el día y todos los días?

¡Pero, eso sí siendo sinceros con nosotros mismos!

No seamos como aquellos que le dicen a todo el mundo que están a dieta, pero cuando nadie los ve, son los más asiduos visitantes de las tienditas o a las refrigeradoras.

O de los que, como dice el mensaje que circula en redes, queremos dos policías… Uno que les ponga la boleta a todos los infractores, pero que se la perdone a uno. O de los que critican al alcalde por no sacar a los “bien cuidados” del Casco Antiguo, pero cuando los sacan, salen los abogados gratuitos a alegar que ¿“Cómo se van a ganar la vida esa pobre gente”?

No señores, en Panamá le queremos echar la culpa a todo el mundo, pero no queremos asumir nuestra propia responsabilidad. Aquí le echamos la culpa de todo lo malo a los gobernantes. Curioso, pues ha habido de todos los colores y partidos, pero los problemas siguen siendo los mismos. ¿No será que gran parte del problema somos nosotros, el famoso “pueblo”?

¿No somos nosotros los que lo permitimos y toleramos? O peor aún, ¿no somos nosotros los que los elegimos?

Criticamos a cuanto gobernante tenemos, pero, cuando se nos invita a participar de cualquier nivel de responsabilidad en la administración pública, nos negamos.

Aplaudo que en esta contienda electoral, entre los candidatos a diferentes puestos de elección, haya varios miembros que son o han pasado por las filas de los clubes cívicos. Los exhorto a que si son favorecidos con el voto popular, sean fieles a los principios y valores fundamentales, así como a las prácticas que aprendieron dentro de ellos.

En mi propia experiencia como servidor público, traté de actuar siempre con la mayor probidad, rectitud y honestidad posible. Les confieso que hubo varios, quienes no entendieron mi comportamiento, pero les garantizo que mis hijas hoy pueden llevar con mucho orgullo su apellido.

Quienes me conocen y me han escuchado con anterioridad, saben que soy de los que critico a los que, con 12 artículos en su carretilla, se paran en la fila de “10 artículos o menos” en el supermercado.

O los que se quejan de los que se cuelan por el inexistente “tercer carril” de las carreteras, pero cuando van atrasados para una reunión, justifican su uso. ¿Cuántos nos vemos reflejados en ese espejo?

Amigos, ¿Dónde quedaron la tolerancia, la puntualidad, la honestidad y el respeto que nos enseñaron nuestros padres y abuelos?

¿Será que de verdad se nos olvidaron estas prácticas? ¿O es por pura conveniencia que no las practicamos?

Hoy escuchaba a un amigo decir que los panameños somos nuestros peores enemigos.
Y en parte tiene razón. La envidia es el gran enemigo de la idiosincrasia y hasta del
progreso nacional…

No falta más que algún coterráneo destaque, para que le busquemos todos los defectos y cosas malas posibles y si no se las encontramos, se las inventamos.

Es como las famosas “FakeNews” o noticias falsas, las cuales tan irresponsablemente compartimos sin conocer su veracidad o su fuente. ¿Qué tenemos que esperar que pase para que reaccionemos como país?

Sí, es necesario que los gobiernos de turno coadyuven con la sociedad civil, debidamente representada, para sentar las bases para una nueva forma de conducir el país. Esta es una sociedad donde no se pretende cogobernar, pero ya la época en la que todo se manejaba exclusivamente desde una oficina en el palacio de las garzas, está mandada a guardar.

Tenemos que exigir, el correcto balance entre los órganos del estado, la lucha frontal contra la corrupción, la falta de transparencia y la práctica de una justicia correcta y expedita, basándose todo en una nueva forma de educar.

Esta, debe ser la meta a la que aspiremos llegar todos los ciudadanos que amamos a este pedacito de tierra, que unió, une y seguirá uniendo, para nunca dejar de ser “Centro del Mundo y Corazón del Universo”.

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