Leslie Loaiza

Leslie Loaiza

2 de diciembre del 2018

El 26 de noviembre del 2013, el entonces juez segundo municipal, Leslie Loaiza, dictó un sobreseimiento definitivo a favor de los trabajadores de TCT que bloquearon la entrada de los diarios La Prensa y Mi Diario. Esta decisión fue revocada por el Tribunal de Apelaciones, obligando al juez municipal a llamar a una audiencia preliminar sobre este caso.

El 27 de agosto del 2014, el juez Loaiza ordenó el archivo definitivo del proceso, sin llamar a juicio. Una semana después, el juez Leslie Loaiza fue ascendido a juez décimo quinto penal.

En los informes de la Fundación para el Desarrollo de la Libertad Ciudadana, capítulo panameño de Transparencia Internacional, se observa que, de los veinte casos de corrupción de alto perfil en investigación por parte del Ministerio Público, ocho fueron “repartidos” al juzgado quince del circuito penal del juez Leslie Loaiza. Este número que llama la atención, si tomamos en consideración que hay dieciocho juzgados penales de circuito.

De estos ocho casos de corrupción, el juez Leslie Loaiza ha otorgado sobreseimientos y nulidades en cinco. Esto a pesar de que todos estos casos cuentan con acuerdos de pena y colaboración de Rafael Guardia, quien confesó el delito, además de auditorías de Contraloría, que determinan lesiones patrimoniales al Estado por millones de dólares.

El más sorprendente fallo del juez Leslie Loaiza ocurrió el 13 de diciembre del 2017. Rafael Guardia confesó su participación en los casos de corrupción del PAN y colaboró con información sobre lo ocurrido, todo a cambio de que le redujeran la pena, con la condición que debía devolver todo lo robado. En el fallo, el juez decide devolverle a Rafael Guardia una mansión en Costa del Este valorada en 940 mil dólares, dos apartamentos, dos camionetas Toyota, un Porsche Cayenne, plazos fijos y cuentas bancarias por más de 100 mil dólares. Este fallo fue revocado por el Segundo Tribunal Superior después de la apelación por parte del Ministerio Público.

Todos estos hechos han llevado a muchas personas a cuestionar la labor del juez Leslie Loaiza, aunque otros cuestionan la labor del Ministerio Público y también están en su derecho. Lo que nos parece inaceptable es que un juez amenace, en uno de sus fallos, con interponer denuncias y sanciones por falta de respeto. Esta amenaza puede interpretarse como una censura a la opinión pública, de parte de quien debe velar por los derechos humanos.

Para agravar el problema, el Órgano Judicial no cuenta con el Tribunal de Integridad y Transparencia, contemplado en la ley 44, que regula la Carrera Judicial. Esta ley fue sancionada desde el 27 de agosto del 2015 y, hasta la fecha, no ha sido implementada en su totalidad. Es a través de este Tribunal que se podría investigar y juzgar a los jueces por faltas administrativas. Sin embargo, ante la ausencia de un Tribunal de Integridad y Transparencia, existe un enorme vacío que imposibilita investigar este y seguro mucho otros casos en el Órgano Judicial.

No podemos seguir así. La justicia no puede seguir siendo la cenicienta del presupuesto y la última prioridad de los políticos de turno.  Es evidente que la falta de institucionalidad está afectando el desarrollo del país, impidiendo que podamos resolver las necesidades de la población.

La frustración acumulada, producto de la evidente impunidad en casos de corrupción, nos está arrastrando a una especie de depresión colectiva. Esta situación puede llevarnos, y nos ha llevado en el pasado, a tomar malas decisiones electorales, perpetuando el círculo vicioso de corrupción – falta de institucionalidad – impunidad.

Trato siempre de terminar estos artículos con un mensaje positivo, pero hoy no. El panorama es muy oscuro y no voy a disfrazarlo con falsas esperanzas.  De lo que sí estoy convencida es que seguiremos luchando, creando conciencia y exigiendo a todos los que tienen la responsabilidad constitucional de tomar decisiones trascendentales, que lo hagan respetando la constitución y la ley. Todo lo que hoy decidan afectará la vida de nosotros, de nuestros hijos y seguramente de nuestros nietos también.

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