Las sonrisas son gratis

Las sonrisas son gratis

28 de noviembre del 2018

La semana pasada tuve la oportunidad de salir de viaje y a mi regreso al terruño, experimenté varias sensaciones totalmente opuesta en muy corto tiempo, todas en el mismo lugar, nuestro aeropuerto Omar Torrijos Herrera.

Era domingo por la noche, el aeródromo estaba bastante lleno de gente, que al igual que yo, venía llegando o salían de la ciudad que albergará el evento, que lo más probable será el más grande e importante del año 2019, la Jornada Mundial de la Juventud, el cual seguramente atraerá a cientos de miles de personas, que muy probablemente ingresarán por ese mismo aeropuerto de Tocumen.

Al descender para proceder a realizar los trámites automáticos de migración, me encontré con personal que diligentemente orientaban a quienes gozamos del privilegio de utilizar este sistema que agiliza considerablemente el proceso migratorio de entrada al país.

Infortunadamente, esa “diligencia” no estuvo acompañada de una sonrisa ni de un “bienvenido a Panamá”, que hubiera sido el complemento ideal para un pasajero que viene cansado o con grandes deseos de sentirse acogido en una nueva tierra a la que viene a disfrutar.

Al salir hacia el área donde se recogen las maletas, un grupo numeroso de pasajeros agolpados en la primera de las bandas, casi no dejaban pasar hacia las demás. Ojalá las aerolíneas planificaran de una mejor manera. la distribución de las maletas de los diferentes vuelos que llegan.

La espera no fue muy larga y a pesar de lo complicado de la hora, nuestras maletas salieron bastante rápido y procedimos hacia el área de migración donde un par de funcionarios con sacos color naranja, más que orientar, estaban más preocupados en preguntar, sobre el formulario de aduanas que debíamos tener llenos los pasajeros. Nuevamente, las sonrisas, que una vez garantizó nuestro ícono nacional Rubén Blades, brillaban por su ausencia.

Es lamentable que los panameños pensemos que la amabilidad no debe acompañar a la eficiencia sin darnos cuenta que perdemos mucho si no somos amables y corteses.

Una vez en la fila para revisar el equipaje por funcionarios de aduanas, a varios de los que estábamos en la fila de la izquierda, nos pudimos percatar de varias cosas. Había tres funcionarios en sus puestos para pasar por los rayos x las maletas; en la primera fila pasaban pilotos y tripulación de las aerolíneas, pero de igual manera pasaban los “amiguitos” de alguien con influencia.

En las próximas dos pasaba algo interesante, había tres señoras, que asumíamos eran supervisoras de los tres que trabajaban, pero lo interesante era que mantenían “entretenidos” a los funcionarios que, a viva voz, le gritaban a los que hacíamos fila “próximo”, no sin antes reírse de cuanta cosa le comentaban las supervisoras en mención y evidentemente sin poder hacer su trabajo de la manera esperada.

Esto evidentemente generó comentarios negativos de los que hacíamos la fila y que ya teníamos ganas de salir hacia nuestros hogares. ¿Es necesario que haya la misma cantidad de supervisores que funcionarios y que estas se dediquen a conversar y a hacer reír a quienes deben supervisar? Sinceramente me cuesta entender este tipo de comportamiento. Mas cuando lo hacen frente a cientos de personas que han pagado por recibir un buen servicio.

La cerecita sobre el helado la pusieron en la salida de aduanas hacia el área de recepción de pasajeros del principal terminal del país. No menos de 20 conductores o “facilitadores” de taxis ofrecían a gritos, como quien vende naranjas, o a través de diminutos letreros un “servicio autorizado” de transporte a turistas y nacionales.

Llamarlo un “mercado persa” es quedarme corto por el desorden y anarquía que se siente al salir del área de aduanas. Uno tiene que pedir permiso y hasta empujar para poder salir del aeropuerto, mientras vamos negando la variada oferta de servicio de estos oferentes.

Al llegar afuera, no había un solo agente de policía que hiciera que quienes esperaban o recogieran a los viajeros que llegaban, lo hicieran de la manera mas expedita posible.

Nuevamente se veía a amigos de quienes ofrecían el servicio de transporte o de otros con identificación de funcionarios del aeropuerto, promoviendo que lujosos vehículos se mantuvieran estacionados, repito estacionados, esperando a quienes veían a recoger, mientras que otros vehículos debían hacer largas filas hasta la entrada del aeropuerto para poder ingresar a la terminal a recoger a sus familiares o amigos.

Lo mas triste fue que al poder salir finalmente, pudimos percatarnos que había dos vehículos de la policía y 8 agentes ubicados estratégicamente entre el redondel de la salida hasta la entrada de la construcción de la nueva terminal. Posteriormente alguien me comentó que había una práctica general para “algo del gobierno chino” o algo similar.

Ojalá las diferentes instituciones a las que les corresponda poner los puntos sobre las “íes” tomen carta en este asunto, pues si algo similar sucede durante la llegada o salida de los peregrinos que vienen para el encuentro con el Papa Francisco en enero, pagaremos las consecuencias y como ha pasado en otras ocasiones, en lugar de un beneficio para el país, recibiremos las críticas de los miles de periodistas y visitantes que vendrán a conocer y a disfrutar de nuestro país.

A mis hermanos panameños un último mensaje: la cara de seriedad no rinde ningún beneficio, si no va acompañada de un trato amable, cortés y eficiente. Una sonrisa abre muchas puertas y aleja los comentarios negativos de la boca de quienes nos toca servir. Siempre hemos sido un pueblo alegre, jovial y atentos. Recuperemos esa frase de Rubén que decía: ¡Las sonrisas… son gratis!

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