¿Hace cuánto emigró usted?

¿Hace cuánto emigró usted?

22 de octubre del 2018

La marcha de los hondureños hacia los Estados Unidos, ha captado la atención de una gran cantidad de estadounidenses y residentes del “coloso del norte” en los últimos días. 70 ciudadanos de esa empobrecida nación centroamericana, iniciaron una marcha con el ánimo de alcanzar la frontera de México y Texas y una vez allí solicitar un estatus de refugiados.

En el camino, otros hondureños, chapines y otros que acostumbran a practicar el “juega vivismo”, se les unieron y para cuando llegaron a la frontera entre Guatemala y México, ya superaban las 4,000 personas y ahora hasta “dirigentes” tienen. Allí fueron detenidos en principio por la policía antimotines, la federal y la de fronteras de los Estados Unidos Mexicanos, quienes intentaron de varias formas de convencerlos de no tratar de ingresar a suelo azteca y hasta les llegaron a ofrecer ayudarlos a tramitar un estatus migratorio en México.

Nada logró detenerlos… Como nada ha logrado detener la ola migratoria africana que cruza a diario el Mediterráneo para alcanzar tierras europeas o en su defecto los hermanos venezolanos que huyen de las violaciones a los derechos humanos a las que diariamente se ven expuestos en esa rica nación suramericana.

Panamá, igual que otras naciones como Canadá y Australia, por ejemplo, se ha consolidado y fortalecido como una gran nación de inmigrantes; del otro lado hay países que se han caracterizado por su alta tasa de emigración, como por ejemplo lo han sido China, Colombia, Italia, España y Estados Unidos. Muchos nacionales de estas naciones han contribuido al engrandecimiento de otros países aportando a pilares
como educación o aportes a la cultura, comida, música, teatro o ciencias de tantos otros países.

La última cadena migratoria que estamos experimentando en nuestro continente, ha sido la de los venezolanos que, sufren el abuso de una dictadura disfrazada de democracia y que ha logrado convertir una de las más prósperas naciones del mundo en un país empobrecido, endeudado, triste y mal reconocido por la calaña que desprestigia a los buenos hombres y mujeres que se han visto obligados a emigrar para criar a sus hijos en un ambiente donde puedan por lo menos expresarse libremente y ganarse honradamente el “pan nuestro de cada día”.

Recientemente leí las expresiones de dirigentes y ciudadanos de uno de los países receptores de estos inmigrantes, donde se les despreciaba y encima se les catalogaba de las peores maneras posibles.

Yo he aprendido que todas las generalizaciones son malas; infortunadamente todos caemos en ellas, a veces hasta sin darnos cuenta. Y dice el dicho “no hay peor cuña que la del propio palo” y esa frase cobra un gran valor en varios casos, pues muchos de los que critican a los que recién salen de sus países, son precisamente algunos de los que migraron de esos mismos países.

Yo soy de los que creo que cuando se emigra a otro país, uno debe cumplir las leyes, costumbres y tradiciones del país que lo recibe. Quizás es allí donde la “puerca tuerce el rabo”, pues muchos de estos nuevos inmigrantes tratan de imponer sus costumbres en el nuevo país donde llegan.

En países como Colombia y el nuestro, parte de los problemas fue que llegaron muchos y a veces pareciera que todos juntos y varios de éstos se expresaron despectivamente de nuestro país. Otros dijeron verdades que a ningún nacional le gusta que le digan y menos nos cuesta reconocer y la mejor alternativa, fue sáquenlos a todos de aquí.

Soy un convencido que, como dije mas arriba, los países del mundo nos vemos enriquecidos con los aportes de los extranjeros que vienen a trabajar y a aportar a su nuevo hogar; a quienes crían a sus hijos cumpliendo las costumbres de quienes los han acogido y quienes se siente parte de esa nueva cultura.

¿Qué sería de los Estados Unidos de América sin el aporte de tantos europeos, asiáticos y americanos que tanto han aportado al desarrollo, creatividad y hasta la política estadounidense?

Yo me reitero que creo en la migración controlada, ordenada y por la vía legal. Para ello se requiere de políticas claras y de estricto cumplimiento. No creo en la “protección” de algunas profesiones, política ésta que se convierte en un monopolio injustificado y sin sentido. Hay que invertir en educación y enseñarnos a todos a competir y a cumplir con las mismas reglas de juego para todos.

Presiento que dentro de la caravana hacia los Estados Unidos hay quienes genuinamente quieren trabajar y no vivir de la ayuda asistencial o subsidios que ofrecen algunos de nuestros países. Igualmente, históricamente dentro de las olas migratorias que hemos tenido en Panamá, han llegado grandes hombres y mujeres que mucho han aportado al crecimiento de nuestro querido país.

A quienes nos ha tocado vivir y trabajar fuera del país que nos vio nacer, nos consta que no es fácil iniciar de nuevo. No es fácil renunciar a todo, levantar la cara y doblar el lomo para subsistir. Seamos celosos de lo que tenemos y tanto nos ha costado construir, pero no le cerremos la puerta en la cara a nadie, antes que lleguen a tocarnos la puerta.

Si la migración no se puede controlar en nuestros países, el problema es nuestro, no de quienes emigran en busca de una mejor vida. Devolvamos a la calaña, los maleantes y narcotraficantes a sus países y recibamos a los que, igual que lo hicieron nuestros abuelos, ayudaron a hacer crecer nuestras naciones.

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