La mujer que sobrevivió a un centro de tortura sirio

(Omer Koparan - Agencia Anadolu)

La mujer que sobrevivió a un centro de tortura sirio

30 de junio del 2019

Wafa Nayib, una mujer de 27 años que fue detenida por el régimen sirio, continúa aferrándose a la esperanza de una Siria libre, a pesar de las violaciones de derechos humanos y los abusos a los que estuvo expuesta.

Nayib habló en una entrevista con la Agencia Anadolu acerca de los inhumanos métodos de tortura y las crueldades que presenció durante su encarcelamiento en varios centros de detención.

La mujer fue arrestada por primera vez en agosto de 2012, en un punto de control del régimen de Bashar al Assad en la zona rural de Damasco.

“En ese momento, estaba trabajando con organizaciones de ayuda para los que migraban. La región en la que vivía estaba bajo asedio en ese momento. Solo los civiles podían entrar y salir. No sabía que estaba en la lista de buscados del régimen de Al Assad”, dijo.

Mientras los soldados del régimen les apuntaban con sus armas a ella y a las demás personas, Nayib huyó del vehículo en el que se encontraban, junto con el conductor y una amiga.

Fueron arrestados sin ser informados de nada y llevados a la estación de policía de Yarmuk, donde Nayib descubrió que era sospechosa de llevar a cabo una operación terrorista contra el Estado, secuestrar, matar y herir a otros.

Sus hermanos ya habían sido arrestados hace meses. “Su objetivo era arrestar a toda mi familia, todos con cargos de terrorismo”.

El calvario de Nayib comenzó ese día, cuando entró en una sala de interrogatorios por primera vez en su vida.

“[Más tarde] me trasladaron al centro de inteligencia militar 224. Todo comenzó de nuevo, el interrogatorio, pero no pude hablar por miedo. Mi silencio hizo que me hirieran más”, dijo.

Más tarde, Nayib fue trasladada al centro de inteligencia 227 en la región de Kefer Susa, en la capital de Siria, Damasco, donde permaneció durante 65 días.

“Allí nos golpeaban con cadenas todos los días”, dijo la joven, quien explicó que vivían en una pequeña celda con otras 10 personas. Nayib describió su permanencia allí como el “momento más duro” y habló sobre la cruel tortura a la que estaban expuestos los reclusos.

“No puedo olvidar esos días. El olor de la sangre, la gente muriendo frente a mí. Ellos solían electrocutar a las reclusas usando sillas eléctricas, les quitaban las uñas”, dijo.

“Llegué al punto de perder la cabeza debido a la violencia que vi. Los sonidos que escuchaba cuando estábamos en las celdas aún suenan en mis oídos. La sangre solía entrar en las celdas en las que estábamos”, dijo.

“Torturaban a la gente hasta que gritaran ‘Assad es el más grande’ en lugar de ‘Allah es el más grande'”.

“Los cadáveres en descomposición y los gusanos que vi en ellos, cuando me sacaron de la celda para trasladarme, eran signos de las crueldades que se cometieron”, dijo.

Forzada a comer arroz y pan donde estaban los inodoros, Nayib dijo que las condiciones de los hombres eran aún peores, ya que se les privaba del sueño y ni siquiera recibían alimentos.

“Lo que hemos vivido nos afectará a lo largo de nuestras vidas. Muchas personas pierden la memoria. Cuando regresé con mi familia, no reconocía a mi madre. No recordaba nada”, dijo.

Al final de los 65 días de tortura intensiva, Nayib fue trasladada al centro de inteligencia 215.

“Allí pasé 75 días antes de ser trasladada a la prisión de Adra, una de las más conocidas de Siria. En la prisión de Adra, estaban Samir y Hammadi, comandantes del régimen de Assad, y nosotras, unas 350 mujeres, jóvenes hasta ancianas, les teníamos mucho miedo. Ellos solían insultarnos, golpearnos y torturarnos”, dijo.

Nayib dijo que no había tratamiento médico en la prisión y que también presenció a una mujer muriendo de un ataque al corazón sin que nadie interviniera.

“Una de las cosas que más había en la cárcel era la violación. Los soldados del régimen de Assad lo hacían a propósito. De esta manera, intentaban destruir el orgullo de los hombres, debilitarlos y hacer que perdieran su espiritualidad”, dijo.

Dijo que muchas mujeres murieron en prisión sin que sus familias fueran informadas y que también hubo varios partos.

“No importa lo que hagan, no renunciaremos a nuestra causa, porque Assad no es un líder adecuado para nosotros ni para la próxima generación. Si no podemos ganar, la próxima generación ganará, porque los criamos para ser fuertes”, dijo ella.

Nayib declaró también que vio a una mujer de 45 años con marcas de quemaduras.

“La electrocutaron durante horas. La electricidad le quemó el pelo, las muñecas y los pies”, dijo.

Nayib fue liberada de la prisión de Adra en mayo de 2014, después de permanecer allí durante dos años.

“A pesar de los documentos que demostraban mi liberación, fui arrestada nuevamente el segundo día luego de salir de la cárcel y permanecí en un centro de inteligencia del departamento de seguridad del régimen de Assad”, dijo. Este breve arresto fue solo para esparcir más miedo.

Cuando Nayib fue liberada, su familia no la apoyó, por lo que solía quedarse con amigos.

“Mi familia nunca estuvo allí para mí, mis amigos fueron el único apoyo que tuve”, dijo.

“Aproximadamente dos meses después de mi liberación, conocí a mi esposo y le conté mi situación. Él compartía el mismo punto de vista (político) conmigo y también estaba en contra del régimen de Assad. Nos casamos en agosto de 2014”, dijo.

Después de ocho meses de matrimonio, Nayib estaba embarazada y se dirigía al médico, cuando fue arrestada nuevamente.

“Durante el arresto, sin siquiera considerar que estaba embarazada, me golpeaban, maldecían y me amenazaban con provocar un nacimiento prematuro”, dijo.

Después de cinco días de tortura en la estación de policía, Nayib fue trasladada a la prisión de Adra, la pesadilla que tuvo que soportar dos años antes.

“Había 35 mujeres en la celda. Todas eran como si se hubieran vuelto locas. Estaba todo oscuro, como un pantano”, dijo. Después de pasar 10 días allí, fue liberada de nuevo.

Luego de esto, la familia decidió escapar de la región porque temían ser víctimas de más arrestos.

“Llevando a mi madre y a mi hermano menor con nosotros, nos obligaron a emigrar al norte de Siria”, dijo, y agregó que el viaje fue difícil.

Se enteró de que su padre había fallecido, uno de sus hermanos había muerto en prisión y otro hermano seguía encarcelado.

“Pensé que las organizaciones de ayuda humanitaria estaban ayudando a las mujeres que escapaban de la prisión, pero lo que vi fue que ni siquiera vinieron a buscarnos”, dijo.

Nayib dijo que casi todas las mujeres que ingresan a la prisión son abandonadas por sus familias, ya que el reingreso a la sociedad es un desafío.

“Muchas mujeres jóvenes se desmoronaron debido a estos arrestos. Y los arrestos continúan. Todavía hay mujeres que llevan 8 años en prisión enfrentando torturas”.

Dijo que solía anotar toda la información que obtenía sobre estas mujeres, pero que no pudo llevar sus notas con ella cuando tuvo que escapar.

Nayib acaba de comenzar a readaptarse a la vida. Después de su encarcelamiento, ella dice que sonidos como los de las puertas la asustan.

“No puedo quedarme sola en una habitación. Siempre necesito a alguien conmigo. Incluso el sonido de pequeños insectos me molesta”, dijo.

“No veíamos el sol durante días. No sabíamos en qué día estábamos. Todavía no recuerdo algunas cosas. Mi memoria se debilitó mucho. Yo no era así antes de ser arrestada”, agregó.

Hoy está esperando su tercer hijo y dice que “la mayor bendición que Dios me dio fue que mi esposo estuviera conmigo. Él me apoyó mucho”.

“Como mujeres que escapan de la prisión, todavía no somos libres”, dijo y agregó que las condiciones de vida en Siria son muy malas.

Hizo un llamado a las organizaciones de ayuda humanitaria para que atiendan a las mujeres en prisión, ya que necesitan apoyo financiero y psicológico.

“Queremos un ambiente libre y sin miedo donde podamos continuar nuestras vidas, también oportunidades de trabajo para nuestros esposos quienes nos apoyan”.