Gabriel Jesús: una vida que pasó del agua al vino

Foto: @dejesusoficial

Gabriel Jesús: una vida que pasó del agua al vino

8 de julio del 2019

El mismo Gabriel Jesús cuenta y lo hace con orgullo, que su pasado es humilde, tan humilde que cuando era niño compartía la misma cama con su mamá y sus hermanos. Padre no había, porque se fue de casa cuando él nació.

Gabriel Fernando de Jesus nació el 3 de abril de 1997 en São Paulo, Brasil. Tiene 22 años. Solo lleva cinco como futbolista profesional y ya catalogado como uno de los mejores jugadores de Brasil y del mundo. Los expertos dijeron que fue el mejor jugador de la pasada Copa América 2019, en la que Brasil se coronó campeón y él terminó como goleador del torneo. Pero llegar hasta ese punto no fue un camino fácil.

El futbolista habla de que tuvo suerte, pero aclara que esta siempre va acompañada de superhéroes que se cruzaron en su vida, indudablemente el más grande de ellos fue y sigue siendo su mamá. A quien le dedica cada uno de sus goles.

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Al celebrar los tantos que anota en el arco rival, Gabriel Jesús siempre se pone una mano en la oreja como si fuese un teléfono y es en honor a su mamá y a otras personas que marcaron su vida.

“Cuando marco un gol levanto el teléfono y hablo con ella”, ha dicho en varias entrevistas, en las que también ha contado que de niños su mamá siempre lo llamaba para averiguar sobre su paradero y si no lo encontraba llamaba a sus amigos. Así que el teléfono es una comunicación directa con ella.

El hoy figura del Manchester City nació en uno de los sectores más pobres de Sao Paulo, donde había familias que ni siquiera tenían para comer. En su hogar, gracias al duro trabajo de su mamá, quien era empleada del servicio, no faltó la comida en la mesa.

Pero recuerda que muchos de los niños con quienes compartía tardes de fútbol en un club informal llamado Pequeninos solo estaban allí porque al final de la tarde les daban de comer y algunas veces les compartían cajas de alimentos para llevar a sus casas.

Este club del que habla Gabriel Jesús no es un club grande, era una especie de fundación que buscaba, a través del fútbol, alejar a los pequeños de la calle y sus peligros. Gabriel, de 9 años, iba allí porque su verdadera pasión era el fútbol. Allí conoció a otro de sus héroes: José Francisco Mamede, el entrenador de los niños más joven.

Un momento especial para Gabriel Jesús y que no borra de la mente es un campeonato que disputó con su equipo Pequeninos, cuando tenía 13 años. Vencieron a todos los equipos y llegaron a la final con un equipo profesional pero la noche anterior al encuentro una tormenta convirtió el campo de fútbol en un lodazal.

Su equipo, según lo relató en primera persona en el portal The Players Tribune, no podía mantenerse en pie. A diferencia de sus rivales, quienes usaban guayos profesionales, con taches metálicos, ellos los del humilde club Pequeninos , tenían de los más baratos, con taches de plástico y desgastados, con que no podían agarrarse al difícil terreno de juego.

Aunque lo dieron todo en la cancha terminaron perdiendo 4-2 y el torneo se les escapó de las manos. En ese momento Gabriel entendió que en el fútbol, como en la vida, las cosas no son justas. También entendió que ante las adversidades hay que hallar la manera para que las situaciones cambien a favor.

A los 13 años empezó a jugar en una liga de fútbol popular conocida como liga de Várzea, en la que según lo descrito por él, no predominaba el juego limpio, en campos de tierra, y contra hombres maduros, donde la rudeza era el común denominador.

Dice que recuerda un día en el que por demostrar sus buenas técnica y condiciones para jugar al fútbol fue amenazado por un hombre al que varias veces gambeteó y dejó atrás. Al niño de 13 años que lo humilló frente a todos le dijo que le rompería las piernas. Era una amenaza que se cumpliría, pero ese día sus compañeros de juego lo escoltaron hasta sacarlo a salvo.

A finales de 2016, seis años después de aquel episodio, Gabriel Jesús estaba en su natal Sao Paulo y al entrar a un parqueadero el hombre de la taquilla lo reconoce y le dice “¿Me recuerdas? ¡Iba a romperte las piernas! Gabriel lo recordó y el hombre le confesó que ahora lo amaba porque él era la estrella del Palmeiras, su equipo del alma.

Con el apoyo de su madre, quien confió en él, siguió buscando su proceso, hasta que a los 15 años, después de hacerse famoso en el Várzea, pudo hacer una prueba para el Palmeiras, equipo que no dudó en ficharlo. Allí despegó su carrera. y él apunta a decir que en ese momento su vida pasó “del agua al vino”.

En 2016, tras un buena temporada con Palmeiras fue convocado para vestir, por primera vez, la camiseta de Brasil en los Juegos Olímpicos de 2016 en Río, al lado de Neymar, el jugador que más admiraba. Ese momento fue para Gabriel Jesús, como él mismo lo dijo, la sensación de conquistar los sueños. Se coronaron campeones olímpicos.

Su llegada al Manchester City se dio en 2017, él sabía que estar bajo las órdenes de Pep Guardiola lo llevaría a mostrar todas y cada una de sus técnicas futbolísticas para llegar al mundial de 2018, fue convocado a Rusia, jugó en todos los encuentros pero no anotó. No le fue bien y la prensa brasilera lo golpeó. Algunos apuntaron a decir que era el peor 9 que había jugado con la selección nacional.

Antes de llegar al Manchester cerró un capítulo que sentía tenía que cerrar. Fue hasta el campo de fútbol donde entrenan los niños del club ‘pequeninos’ y llevó 250 pares de los mejores guayos, con taches metálicos, y a cada niño le regaló su par de zapatillas, para que nunca más resbalaran en los campos de lodo y los rivales supieran realmente contra quiénes estaban jugando.

El mensaje de Gabriel Jesús es claro, si se tiene algún sueño hay que ir detrás de él, porque no sé sabe en que momento el agua se convierta en vino.