La crisis del tramadol en África

Foto: PeriódicoUNal

La crisis del tramadol en África

5 de agosto del 2019

El tramadol es un ejemplo de cómo una buena idea puede terminar dando malos resultados. Surgido en la década de 1960 como un auxiliar en el tratamiento del dolor, en la actualidad se está convirtiendo en un severo problema para algunos países, en especial para África.

El tramadol fue sintetizado como analgésico por primera vez en Alemania en 1962, y empezó a comercializarse en Europa en 1977. En 1995 su uso fue aprobado en Estados Unidos. En sus orígenes se consideró que este medicamento tenía un potencial adictivo muy bajo, por lo que su uso no fue sujeto a regulaciones específicas a nivel internacional. Pero a mediados de la década de 1990, en coincidencia con su introducción en el mercado estadounidense y a medida que su uso se fue extendiendo, el problema de la adicción comenzó a presentarse cada vez con más frecuencia.

En el caso estadounidense, quienes abusan de la sustancia generalmente son pacientes con dolor crónico, profesionales de la salud y personas que presentaban un problema previo de adicción a las drogas. Ante este panorama, en 2014 finalmente se introdujeron regulaciones para el tramadol en dicho territorio.

Además de Estados Unidos, algunos otros países –como Bahrain, Australia, Suecia, Ucrania, Venezuela, Irán y Egipto– han establecido a título individual controles sobre el tramadol debido al riesgo de adicción que ha presentado. Sin embargo, a nivel global existe resistencia a convertirlo en una sustancia controlada, con el argumento de que muchos potenciales pacientes podrían verse injustamente privados de su valiosa función terapéutica. Sin embargo en algunos países parecería que los riesgos están rebasando ese beneficio. En especial si se consideran las cifras entregadas por Naciones Unidas: Las incautaciones de tramadol en todo el mundo han pasado de 10 kilos en 2010 a 125.000 en 2017.

En el caso de África, el uso del tramadol con fines no medicinales ha aumentado en varios países. Por tratarse de un fármaco relativamente barato (sobre todo en el mercado negro), con efectos relajantes y que además puede mejorar el rendimiento físico del consumidor, la sustancia se ha popularizado en distintos sectores.

Generalmente en tales situaciones se consumen dosis mucho más altas que las recomendadas para uso terapéutico, lo cual aumenta el potencial adictivo. Y a diferencia de lo que ocurre en Estados Unidos, en África con frecuencia los consumidores no tienen antecedentes previos de consumo de drogas ni se relacionan con el sector de la salud.

Hay una situación que ha motivado el consumo en África: muchas de las drogas duras utilizadas en Europa y América son demasiado caras para los africanos que viven fuera de las áreas metropolitanas. Esto ha dejado una brecha en el mercado para drogas baratas y potentes.

Fronteras porosas para el comercio ilegal

Gran parte del mercado del tramadol en los países africanos es ilegal. Se considera que la India es uno de los principales productores de la sustancia para el mercado negro, y se sabe que la distribución ocurre a través de países con fronteras porosas, como Libia, Benin o la propia Nigeria. Las consecuencias han sido devastadoras.

En Egipto el uso de la sustancia se ha extendido entre los estudiantes, quienes pueden recurrir a él especialmente en época de exámenes. En Camerún también se ha registrado un uso creciente por parte de estudiantes, y lo usan igualmente trabajadores que deben enfrentar largas y extenuantes jornadas laborales, como conductores de transporte urbano o de carga, y en general trabajadores manuales; incluso se sabe que en el campo se pueden administrar pastillas de tramadol a los animales de tiro, con el fin de que tengan más resistencia, sobre todo en los días más calurosos. En Ghana y Gabón el uso del fármaco se ha propagado especialmente entre los jóvenes, y ha estado ligado a episodios de robo, violación y peleas con arma blanca. Algo similar ocurre en Senegal.

Aunque no existen estadísticas concretas, se ha observado que el consumo de la sustancia se relaciona con la extensión de prácticas sexuales de riesgo y con un crecimiento de los índices de violencia y criminalidad. Los riesgos son más altos cuando los consumidores combinan el uso del fármaco con bebidas alcohólicas para potenciar su efecto.

El Informe mundial sobre drogas 2019, presentado por Naciones Unidas hace pocas semanas, da cuenta del auge mundial del consumo de opiodes sintéticos. Y, para el caso de África y algunas zonas de Asia, mencionó la palabra “crisis”.  El informe señala que casi el 90% de todos los opioides farmacéuticos incautados en el mundo en 2016 se incautaron en África, predominantemente tramadol, en el occidente, centro y norte del continente. Benin, por ejemplo, en el occidente de África, con una población de 11 millones de habitantes, es hoy en día el mayor importador de tramadol indio, después de los Estados Unidos.

El informe también indica que la población que consume opiáceos —término que incluye un grupo de sustancias que van desde el opio natural y sus derivados, como la heroína, a moléculas sintéticas como el fentanilo y el tramadol— aumentó un 56% en los dos últimos años.

“El acceso al fentanilo y al tramadol para usos médicos es vital para el tratamiento del dolor, pero los traficantes los fabrican ilícitamente y los ofrecen en el mercado negro, causando daños considerables a la salud”, señala el documento.

Regular, en el centro del debate

Uno de los países en los que el tramadol ha tenido mayor impacto ha sido Nigeria, donde es ampliamente utilizado por el grupo terrorista Boko Haram. Los efectos de la droga sobre el sistema nervioso permiten controlar el pánico y favorecen en general las conductas de riesgo, además de la ya señalada resistencia física.

Por todo ello, su consumo facilita que los miembros del grupo yihadista participen en enfrentamientos armados, e incluso en ataques suicidas. Su empleo es tan extendido en los lugares bajo el control de Boko Haram, que incluso se registran casos de adicción entre jóvenes secuestradas por el grupo que han logrado escapar. De esta forma, el consumo ha llevado a un importante rompimiento del tejido social.

Incluso, en un reciente reportaje de la BBC, Marcus Ayuba, director de la Agencia Nacional Antidrogas de Nigeria (NDLEA, por sus siglas en inglés), revelaba que en algunas regiones de su país, uno de cada tres jóvenes son adictos a la droga.

Frente a ese panorama, han surgido las propuestas de regulación de la venta de tramadol, lo que podría dificultar que las personas en los países en desarrollo accedan a este analgésico. La producción y distribución de sustancias controladas internacionalmente debe ser autorizada y supervisada, y los gobiernos deben proporcionar estimaciones a la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes (JIFE) sobre las cantidades de medicamentos requeridos, fabricados y utilizados.

“Esto es a menudo un problema. Aunque es un cálculo simple, cuántos enfermos hay y, por lo tanto, cuánta medicación para el dolor se necesita, los gobiernos no quieren dañar su imagen. Por lo tanto, no declaran la cantidad real de sustancias controladas que necesita su población, lo que lleva a una escasez catastrófica de opiáceos controlados como la morfina, especialmente en África y también en Asia “, indicaba en un reportaje de la revista Lancet Thomas Pietschmann de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC) con sede en Viena, Austria.

Entonces, mientras que por un lado, el tramadol sigue estando fácilmente disponible, lo que es una ventaja, por otro lado, se abusa masivamente, particularmente en África. Si bien muchos argumentan que, ante los innegables problemas generados por el uso del tramadol, sería necesaria una mayor regulación en todo el mundo, la oposición a formalizar el control se mantiene firme. En cambio, se ha promovido una solución caso por caso para los países afectados, incluso en las situaciones más graves, como la de Nigeria. No obstante, hasta el momento esta posición ha probado ser poco efectiva, por lo que es necesario replantearla.

Con información del Periódico UNal.